Juan Carlos Mesa: "En humor, hemos retrocedido"


 

Para ver qué tan actualizado está, don Mesa, qué pasa si a usted se le dice stand up: a) ¿se levanta y se va?, b) dice de inglés, poquito, c) nos ponemos a charlar de Jerry Seinfeld. “Tuve la oportunidad de disfrutar esa novedad del humor. Creo que el secreto es el magnetismo y la inmediatez. Pero si me preguntás, yo le pondría más fichas a otro tipo de humor. A mí me gustaría un programa de sketches y gags. La clave sería poder hacer algo para chicos que atraiga a los grandes”.
¿Cómo “Los Simpson”?
Exactamente. O como pasaba con Mesa de noticias. Me encantaría poder hacer Mesa… en este momento, aunque sé que el mundo ha cambiado y los textos deberían ser otros.
¿Si tiene que cambiar los contenidos, por qué no aprovecha y cambia el título? ¿”Mesa de enlace” no le gusta? 
¡Cómo no!, con la gente de campo, dice. No está mal. Habría buenos anunciantes¿ 
Usted trabajó para Tato Bores. Hoy Tato iría en un horario marginal o por el Canal Encuentro.
No creo, depende de la calidad del texto. ¿Por qué pensás eso?
No sé, cuesta imaginar que alguien diga “monólogo nacional”, hable de política y resista el zapping.
El caso de Tato, su sensualidad, su poder de comunicación, eran muy interesantes, de manera que transitaría el mismo camino que transitó. Estoy seguro.
¿Está seguro? Mire que en la Capital cerca del 15% parece que votó influenciada por el “Gran Cuñado”. 
Resistiría porque hay política y porque el sistema es recurrente. La política es una vedette o una primera actriz. Tato hablaba de aquella actualidad y esa realidad se compadece con la de hoy. 
¿Y por qué no aparece un imitador?
Porque nadie se atreve siquiera a incursionar en el género del monólogo político, salvo Pinti, que no hace televisión, pero debería.
Se dice que el humor de archivo reeducó nuestra risa. ¿De qué nos reímos los argentinos?
El humor va mutando. Por ejemplo el sarcasmo, la ironía y el humor negro se han ejercido, pero hay temas que no se abordan para no herir susceptibilidades, o directamente porque nuestro público no lo puede asimilar. La juventud de hoy es más insolente y está golpeada por las cosas que mira y que, por lo general, hacen los más grandes. La juventud tiene una manera diferente de recibir el mensaje. Ya nadie se espanta de nada. A mí siempre me gustó jugar con cierta sutileza, pero excederse, salirse de los límites y tomar cualquiera de los exabruptos que escucho en determinados programas, no. En mi tiempo eso no existía, no se debía.
¿Cuándo dejó de ser su tiempo?
Mi tiempo es hoy. Si a mí me tocan el pito y me dicen salga a la cancha, salgo. Me siento capaz de pergeñar ideas y tengo la casi total seguridad, soy petulante en eso, de que mi humor va a divertir al prójimo. A divertirlo sanamante. 
¿Lo que está desapareciendo es el llamado “humor familiar”, o lo que están desapareciendo son las familias?
No puedo ser tan escéptico de afirmar que están desapareciendo las familias. Sería un caos total. En una sociedad, no digo pacata, sino una sociedad creada por inmigrantes italianos y españoles, hay costumbres que no se divulgaban. Se sabía ocultar. Mi padre decía: “A comer y a callar”. Antes se escondía, ahora se ventila todo. 
Pensaba en lo de las familias. ¿Puede que usted haya empezado a tener menos trabajo en los últimos 20 años, quizás coincidiendo con la entrada en vigencia de la ley de divorcio?
Es una época difícil para manejar presupuestos y elencos numerosos. Crear programas donde uno esperaría decorados, equipos de exteriores, elencos con 20 actores, es difícil… La televisión se ha vuelto menos riesgosa, compra formatos, elige una sola figura… 
¿En el humor argentino, la improvisación empieza con el morcilleo de Olmedo?
Puede ser, pero la improvisación es mala compañera, aunque sé que ha ganado en esta disciplina que yo conozco y es el humor. Hay programas que se dejan ver y otros que se parecen a veladas de fin de curso, con perdón de las veladas de fin de curso.
Juan Carlos, usted escribió mucho para Olmedo. ¿El se ceñía al texto o hacía lo que se le cantaba.
Fue un repentista formidable, pero a mí me tocó un Olmedo que se ajustaba a los términos del sketch. No se escapaba tanto. Yo tuve suerte con él.
¿La repentización o el arte de improvisar dejaron de lado al autor?
Sí. Esa característica va dejando de lado al autor. Pero el sistema en general ha marginado mucho al libro. Desgraciadamente debe ser una forma, otra, de achicar presupuestos. El problema es que si no tenés red en el humor, y te caés, te matás.
¿Es lo que le pasó al Gordo Casero?
El se corrió, hizo justamente un manejo casero de su carrera. Es un tipo muy independiente que prefirió ser autónomo sin perder su enorme eficacia. Es más, tal vez Casero pertenezca a la última camada de humor disparatado. Después, no se ha hecho tanto en ese rubro. Si me preguntás a mí, habría que buscar un término medio. Aunque suene presumido te digo una cosa: mi vocación me la inspiró el Quijote. En ese libro entendí mi amor por un tipo de humor, por el absurdo. Quevedo no, él era una maravilla, pero se reía de los rengos, de las gentes con discapacidades, se reía de Cervantes. Y para mí Cervantes es el padre de la sutileza. 
Si pudiéramos hacer una suerte de darwinismo de la comicidad, ¿el blooper se correspondería con el homo sapiens o da más con el hombre de Neanderthal?
Son cosas que se incorporaron a la ortodoxia del humor. El blooper y la cámara sorpresa desplazaron el gag. En el humor hemos retrocedido. Antes un artesano se demoraba una semana en tallar una silla. Ya no pasa, es difícil que un tipo se siente dos días para escribir un gag. Por desgracia dejaron de haber artesanos que hagan esa clase de muebles. Y yo sé muy bien de lo que le hablo. No se olvide: soy Mesa.

 


Por: Hernán Firpo hfirpo@clarin.com – Fuente Clarín
Una yapa para entendidos. Vean esas caras!


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