Díaz de balance – Entrevista a Emilia Díaz

Actriz de vocación, psicóloga social de formación y comunicadora de oficio, Emilia Díaz dialogó con Montevideo Portal sobre su polifacética carrera, el “salto al vacío” del stand up comedy y la búsqueda de desafíos, entre otros varios temas.


Sábado por la mañana, caluroso como la mayoría de lo días de enero. En un edificio en el barrio Palermo que muestra siete pisos desde la vereda, Emilia Díaz vive en el octavo con su marido; es un bonito penthouse con vista al Río de la Plata y a buena parte del Montevideo sur. “¿Café o mate?”, pregunta con la lentitud típica de quien se acostó tarde, “los dos y en ese orden” es la respuesta y la mejor opción para ambos.

 

Emilia fuma y sabe que tiene que dejar de hacerlo, pero cada vez que alguien se lo recuerda le “dan ganas de prender cinco habanos”. De mañana en “Buenas y santas” fumaba para despertarse: “soy nocturna, me encanta acostarme a las 4 y media, como anoche”, lo que lleva inevitablemente a la pregunta, ¿cómo eligió trabajar en un magazine matutino?

Emilia tiene algunas particularidades que la separan del resto de la generación de los 30 y pico, por ejemplo nunca vio a Cacho Bochinche, vio muy poca televisión en su vida y por primera vez vio a una murga en vivo en 1997. Poco tiempo después trabajó en la tele y se subió a cantar con los “Curtidores de hongos”. Nació y vivió hasta la adolescencia en Punta del Este, pero le costó asumirlo frente a los montevideanos “antes decía que era de Maldonado”, hasta que un día su amiga Paola Bianco le exigió que se asumiera y “le hice caso”.

Agradecida, mística, con un recuerdo a flor de piel hacia su padre fallecido hace tres años, esta actriz de vocación, psicóloga social de formación y comunicadora de oficio, trabaja en actividades artísticas desde los 18 cuando debutó en teatro de la mano de Jorge Denevi. Luego llegó a la televisión con Plop, El Teléfono -con Ruben Rada-, después la murga, la participación en las transmisiones de Tenfield, el pase al 10 con Dale con todo y por último Consentidas en radio y televisión, Buenas y Santas y ahora Stand up comedy junto a Angie Oña, Manuela Da Silveira y Verónica Perrotta en el espectáculo “Mucha cháchara” en teatro Undermovie.

El grabador se pone en rec y Emilia Díaz tiene mucho para decir.

¿Cómo aceptaste hacer “Buenas y santas” que implicaba madrugar y tener la cara bien despierta?

Agarré la mañana porque vino el proyecto y me encantó la idea inicial, que pudimos pilotear durante un mes y medio. Después tuvimos que ir adecuándonos a lo que rinde más. Me costó mucho más acostarme a las 10 de la noche que levantarme a las 5 y media. A la mitad del año me dije “uh, faltan tres meses, cómo llego”, ¡y eso que yo me tomé un mes de licencia para mi Luna de miel!

¿Por qué no siguió el programa de televisión?

El programa baja porque había dos de las tres conductoras que no estábamos dispuestas a seguir, María Gomensoro por un tema de maternidad y yo por meterme más en proyectos que tengo en cajones hace tiempo, y la condición sine qua non era que tenía que estar todo el grupo. Lo que no podía bajar era la radio, la radio es el sostén. Nosotras somos empleadas de Carve, no de canal 10, “Consentidas” es un programa de la radio. Fue una decisión re dura, me tomó un tiempo… Intento, busco la forma y el camino para tomar una decisión y cuando no siento que esté mi alma puesta en ese lugar me pregunto ¿dónde está mi corazón? Cuando salí en murga me pasaron cosas extrañísimas, yo sentía que bajaba una Mae y me hacía vibrar como si estuviera en una montaña rusa, me sentía energizada. Después que me pasó eso le agarré el gusto y busco las cosas que me hacen vibrar.

¿Es difícil encontrar esa vibración en la televisión?

Yo no sé de dónde sacaba energía pero salía con todas las pilas. Estoy contenta con lo que hice el año pasado porque batí mis récords de levantadas, de estudiar libretos, de sentarme con la noticia a las 6.

Antes de esto, ¿estabas informada?

Sí desde siempre; yo escuchaba mucho radio de chiquita por influencia de mi viejo. Tenía 12 años y mi viejo venía al cuarto con un artículo del diario para que leyera y después hablábamos.

¿Por dónde iban tus sueños a esa edad?

Yo quería ser Aníbal de “Los Magníficos”. En casa se miraba televisión solo una vez por semana, no soy de la generación de “Cacho Bochinche”, soy de la generación de “Horacio y Gabriela” a pesar de que tengo 34 años. Hoy eso de no ver televisión es impensable, el mensaje es: “si no tenés cable tus hijos van a ser infelices”. Mi infancia fue con cumpleaños con proyectores de cine viendo “Bambi”, “Blancanieves”, “Fantasía”, que la vi miles de veces. Tendría una videoteca con “La guerra de las galaxias”, “El señor de los anillos”, “Avatar” -me encantó, salí llorando-, “Los Simpson”. Si viviera en Valizas a mis hijos les pondría todos los días estos DVDs y también les metería los “Monty Python”.

Tus referencias culturales son demasiado masculinas, ¿sos conciente?

Fui muy machona de niña, jugaba al fútbol, me agarraba a las piñas y no era de agarrar de los pelos porque yo hacía Karate, soy cinturón marrón, y practicaba con los compañeritos del barrio. Me gustaba provocar para probar cosas que aprendía. Eso fue de más grandecita, como a los 10, antes no hablaba y me llevaron al psicólogo. Hasta los tres años hablaba con monosílabos.

¿Cómo pasaste de un estado al otro?

El psicólogo la llevó bien, fue jugando. Era una gurisa muy obediente y me sentía que quería hacer todo lo correcto, no provocar, siempre sobresaliente en conducta, fui abanderada. Pasé con sote, me encantaba “chuparle las medias” a la maestra. Nunca me voy a olvidar que una vez salió la maestra y pintó guerra de papelitos y todo el mundo “ehhhh, guerra” y yo quietita con mis manos en el pupitre, peinadita, viendo pasar todo. Cuando vuelve la maestra y ve a todo el mundo alborotado y a mí durita ahí, dice: “¡basta!, siéntense en sus lugares y todos miren a Emilia”… no me hablaron por tres semanas, me odiaron mal. Tengo que pedirle perdón a esa gente y también hay que agradecerle a la vida porque después te da reveses, porque mis mejores amigas (amigas hasta la actualidad) eran del otro bando, las que hacían bardo, las que repreguntaban todo.

Mi monólogo gira un poco en torno a eso de mi infancia. Ahora a la distancia, después de pasados unos días del estreno me doy cuenta que es como que me presento un poco, en el sentido de que cuento muchas cosas de mí que son verdad.

¿No se trata de eso el Stand up, de hacer reír hablando en primera persona?

Sí, a veces pienso que estoy quedando muy expuesta pero es un género de exposición, sola arriba del escenario…

¿Nunca habías estado sola arriba del escenario?

Sí, en los “Monólogos de la vagina” pero elegí un texto dramático.

¿Que diferencia esencial sentís entre el teatro y el Stand up?

La diferencia es que no tenés la cuarta pared, eso de usted paga una entrada para ver una ficción que ocurre en otro tiempo y lugar y lo vamos a transportar. Stand up es “aquí y ahora” y es para hacer reír, en el teatro no necesariamente, en el Stand up, siento que además tiene que ser descacharrante, si es reidero a mí como público no me enamora. La mayor complicación es que acá estás obligado a hacer reír, nunca hice nada que me costara tanto. Además jamás había escrito antes.

Demasiados aprendizajes en tan pocos meses…

Sí. El otro día me colgué de noche a corregir cosas porque ya me doy cuenta qué funciona y qué no. Tengo mala memoria para todo pero buena para acordarme de lo que causó risas. Me gusta sentir al público, medirlo. Me gusta verlo en mis compañeras, estamos atrás del telón todas metiéndole energía a la que está adelante “no te apures”, “esperá”…

¿Dicen que el Stand up es un hecho energético, cómo lo sentís vos?

Es así, Rafael Cotelo -nuestro coordinador- dice que hay que surfear la ola, tenés que ir arriba y sentir como viene la cosa. Por eso aunque una haga el mismo material, el show es siempre distinto. Capos los tipos que editan arriba del escenario, con la capacidad de sacar y poner según la necesidad del público.

¿Es un suicidio estar arriba del escenario y que no se rían?

Tal cual, una compañera me decía, “siento como que adentro mío hay como un gran abismo y que me voy a caer para adentro”, es como el ´Plop’ de Condorito. En esto también hay algo de sexo, es como un acto amatorio. Un día en un ensayo dije “me parece que va por el lado de sentir que nos estamos levantando al hombre de nuestras vidas” y ahora que estoy subiendo al escenario me doy cuenta que una tiene que subir a hacerles el amor y tipo vikingo, con energía pero no agresiva, y jamás con miedo.

¿Ya estás sintiendo las olas?

No aún, mi monólogo no provoca olas, siento en los de mis compañeras, en el mío siento una playa mansa, a veces me quedo con ganas de subirme a alguna ola.

¿Cómo trabajaron con Cotelo?

Escribimos por separado, después pasábamos material en trabajo de taller y ahí cada una aportaba, hay chistecitos de todos. Tuvimos además un coaching con Alejandro Angelini (NdelR: docente argentino de Stand up) y el nos insistía en el trabajo de la rutina, que es como una unidad temática.

¿Cómo te fue en el proceso de creación? ¿Te boicoteaste, te censuraste?

Necesito raptos de inspiración, no tengo oficio de escritor, sí lo tienen Angie y Verónica, ellas arrancan sabiendo que van a llegar a algo y no lo fuerzan, yo ya estoy desesperada “¡hice dos líneas y no hay un chiste!”. Estuve mirando lo que escribí cuando empecé, porque en la vorágine de la creación, apurados por la fecha del estreno, se me perdió un poco el proceso. Sufrí un poco el camino, en un momento se me complicó porque internaron a un familiar, tenía 10 horas de trabajo, más los ensayos y vi que no llegaba al estreno y pensé en abandonar pero justo ahí se corrió la fecha por las elecciones. Se me complicaba hacer humor en una instancia de estrés emocional.

Hace un rato hablaste de ser agradecida con la vida, ¿a qué le agradecés?

Me siento recontra agradecida porque hay toda una movida de género poniéndose los pantalones, calzando prendas que han sido históricamente de los hombres y Uruguay se está transformando de a poco, desde los ministerios hasta lo cultural. Entonces sucedió lo de conducir con Carolina García y María Gomensoro en la radio haciendo “Consentidas”, después en la televisión en el programa de entrevistas de los sábados (“Consentidas TV”), el programa diario de las mañanas en el 10, después hice “Monólogos de la vagina” y ahora el Stand up femenino. Me gusta estar participando de este parto, porque hay resistencias, porque hay trabajo de parto, porque a veces viene de nalga, a veces te quieren hacer cesárea y una quiere hacer trabajo de parto y porque no hay Doulas, que son como las maestras que amamantaban a los críos, todavía no hay muchas maestras, están siendo maestros los varones generosos, como Rafa Cotelo.

Mujeres y humor no es muy común… ¿hay un mito sobre la falta de sentido del humor de las mujeres o es cierto?

Y tampoco es común que anden manejando taxis, en realidad es una cuestión de costumbre. Hay mujeres urólogas… ¡hay que tener sentido del humor para ese trabajo!

Yo prefiero que me hagan un chiste…

¡La venganza de la mujer oprimida es ser uróloga!

En esta instancia de búsqueda de igualdades, ¿no se cae en un feminismo a ultranza?, ¿lo que están haciendo es un humor para mujeres o desde mujeres?

Es “desde” y en todos los proyectos que te acabo de mencionar es “desde”, no es “para”. Quizás esto de mi infancia tan rodeada de hombres, me permite una mirada con sensibilidad masculina. El estado de la comedia ha sido gobernado por hombres, por lo tanto nosotras aprendemos a reír con varones, al mismo tiempo el humor es universal, las mujeres que se han subido a ese humor han sido boicoteadas, les ha costado mucho más. Hay que generar ámbitos, que son como grandes gimnasios para las comediantes y también para el público.

¿Hay similitudes entre Stand up y carnaval o están muy alejados?

No, para nada. Estoy acá y ahora y es para hacer reír, es la misma consigna en ambos casos. Cuando yo te digo que vibraba, es porque estaba en el coro y en “Mucha cháchara” siento que las cuatro logramos un re lindo acorde.

¿La mujer que está arriba del escenario haciendo Stand up se parece a vos o es una persona escénica?, ¿veo tu show y me voy diciendo “ya conozco a Emilia Díaz”?

(Silencio, piensa unos cuantos segundos) No, no sé, es un poco… vas a decir “esta chica está mal”.

 

   

¿Cuándo empezaste con el teatro?

 

A los 13 y me decidí a los 16, mi viejo siempre me incentivó, era un tipo muy sabio y todas las funciones se las dedico, estrené con 17 años “Las bicicletas son para el verano” con Jorge Denevi en la dirección. El me apadrinó, me enseñó, hice un intensivo con el flaco. A los 18 ya estaba trabajando en “Plop”.

Después llega lo de Rada en “El Teléfono”, ¿ahí que edad tenías?

Veintitrés, pero parecía de 42 por el maquillaje y el pelo, porque me lo laciaban. Llegué a pensar que los gerentes de programación de esa época tenían una fantasía sexual con las de pelo lacio y cerquillo, porque todas tenían el mismo corte.

Luego de eso desapareciste de los medios por mucho tiempo, ¿qué pasó?

Me quedé sin laburo, año 2001, fueron dos años bisagra, estaba estudiando psicología social -me recibo en 2002-, creo que eso fue muy importante para mi formación después como comunicadora, me dio un background. Andaba en pareja con un ser que era muy terrenal, vivíamos en forma muy precaria por decisión y me repetía mucho “no te la creas”, pero también me decía “no sos”, y cuando terminó la relación me deprimí muchísimo.

¿Te volviste a Maldonado, a buscar a tus viejos?

Nunca volví a Maldonado a vivir, iba una semana, venían mis padres un tiempo. Vivía de los ahorros de “El Teléfono”, me gusta ahorrar para los momentos difíciles. Cuando se me acabó el dinero ahí me salió lo del carnaval y me pagaron bien por haber sido una figura de la tele. El carnaval fue un iniciador divino de una nueva etapa en mi vida.

¿Cuál era tu relación con el carnaval? ¿tenías el prejuicio de los actores?

La primera murga que vi fue en el año 97 y enseguida sentí amor. Fui a un ensayo de “Araca la Cana” al Club Onda y morí con ellos. No puedo entender a los actores que no comprenden el carnaval. Lo que hice fue un trabajo de investigación, a ver cómo era ese terreno, ¿qué hay que tomar? ¿whisky? tomamos. ¿Qué hay que hacer?, ¿barra? hacemos. ¿Qué es una cuarteta?, y ¿cómo respirás? y ¿por qué levantas la piernita?, ah, es cruzado. Soy una alumna y respeto. Lo que pasa es que hay actores que vienen y dicen “prendemos inciensos, meditamos”, nooo, no podés. El carnavalero tiene una sabiduría ancestral y yo siento que me invitaron. Hacía todo lo que los maestros me decían que tenía que hacer y si no funcionaba, entonces recién ahí metía lo que a mí me parecía. “Los pingos se ven en la cancha” dicen y en carnaval vos tenés cancha siempre porque en los ensayos estás con gente y eso es un sentimiento parecido al abismo del que hablábamos antes.

Hace un año que estás casada, después de 2001 parece que iniciaste un camino que se completa en el final de la década con trabajo y pareja. ¿Qué tal esa convivencia?

Es una sala climatizada que a veces la transformo en techo descapotable. Sobretodo una debe buscar un compañero de ruta que agarre el timón cuando una lo suelta, que ponga límites, que te propulse, que confíe en vos, eso es fundamental.

Después de los 30 las mujeres tienen una urgencia biológica por tener hijos, ¿estás en esas urgencias?

Creo que es una decisión muy femenina, más allá de que una esté en pareja, ahí el timón lo tiene una y hacés el click. Ese va a ser un mojón lindo en mi vida, es un momento muy animal, muy hembra, “apagame los transistores del cerebro” y te nace una cosa interior imparable.

¿Por qué ahora y no en 2001 cuando tenías todo?

Porque me conozco más y porque puedo contener una vida, voy a ir aprendiendo, pero a los 23, ese ser hubiera tenido 7 años de infelicidad, ahora conozco más mis potencias, no me persigo tanto por mis debilidades, las abrazo y les hago cariños. Antes era más loca.

¿Cómo viene 2010?

Sigue lo de la radio, en televisión a partir de marzo con el programa de los sábados, tengo unos proyectos teatrales, hay una obra de Almodóvar que anda en la vuelta, es todo lo que puedo decir. Me encantaría hacer cine, conocer ese lenguaje, conozco el de la televisión que es un gran supermercado, quiero ir al hotel boutique que es el del cine. En este año voy a dormir tres meses -enero se cuenta-, voy a estudiar, mi meta es enrolarme en Antropología, ahora quiero estudiar Alquimia. Estoy medio mística.

¿Siempre fuiste así, mística?

No, se despertó después de la crisis, que hice un viaje físico, me tomé un avión llegué a Chipre, en el Mediterráneo y me quedé sola ahí, escuchando una lengua que no comprendía. Me gusta viajar sola y por suerte en mi pareja encontré un muy buen compañero de viaje, de las rutas paralelas, curioso, que busca en esos lugares distintos. Yo trabajo para viajar, ahorro para eso. En la Luna de miel, conocí Portugal, me encantó Lisboa, tiene la misma luz que Montevideo, el mismo olor a Montevideo, la misma bohemia. Ahora quiero ir a Jordania e Israel.

¿Cuál es tu balance sobre el año intenso en la televisión, ese de ir a las 6 de la mañana y salir al mediodía…

Tres horas en vivo es sobreexposición y la potencia contratada excedió los límites de mi energía, deposité todo lo que tenía. Pero agradecida, agarré como un entrenamiento, además tenía una pareja de compañeras con las que contar, siempre trabajamos en equipo.

Entonces lo del Stand up es casi un salto al vacío…

Es un salto al vacío. Creo que es un balance en sí mismo, este es “él mojón”; yo tengo rasgos de obsesiva, esta es mi obsesión y siempre se me hace un poco cuesta arriba, pero disfruto. 

Montevideo Portal / Ernesto Muniz

Fuente: http://www.montevideo.com.uy/notpantallazo_102247_1.html

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